antiguas.
Resbalaba mi soledad en el pavimento
Collages con Textos de diversos autores.
Platón dejó la incógnita.
La Atlántida.
- Hay que escarbar entre tanto resto mortífero.
Ya sabes que en el siglo XXI de la era cristiana
los sapiens comían plástico, se adornaban con collares
de perlas de plástico, amaban con fundas de plástico.
- Pero, profe ¿ellos no sabían que morirían?
- No tenían elección, su cerebro comenzó a esclerosarse
no supieron cultivar con agua y sol, los animales perecieron
en pandemias incontrolables a sus productos químicos.
La hambruna llegó, toda la humanidad se encaminó
hacia al mar en busca de alimento.
Mareas de petróleo, de bolitas blancas, de botellas,
de redes portando esqueletos es lo que encontraron.
No hizo falta ninguna explosión nuclear, ningún meteorito.
La Atlántida debió haber quedado preservada y plastificada,
sólo tenemos que seguir buscándola con paciencia pero con cuidado.
Ya sabes que es adictivo este polietileno. Parecen perlas pero es puro
veneno.
- Vale profe ¡qué tontos que eran estos sapiens!
Uvas en los ojos
Nochevieja gélida en una habitación sin alma, Ámsterdam.
Estabas dormido, ocupando mi espacio.
Dos seres perdidos, amando la muerte.
Yo mirando tu cuerpo desnudo ajeno al invierno.
Impávida, ausente.
Tu intermitencia de sentimientos me hacía titilar,
como un neón que sucumbe al tiempo,
que se obstina en seguir, molesta su luz hiriente, suicida.
No amanecía nunca, la bruma helada desconchaba mi sangre en lágrimas-uvas.
Vieja noche en Ámsterdam.
Lou Reed carraspeaba su paseo a nuestro lado.
Que no decaiga la fiesta.
Hay que comer turrón
vestirse a lo Reina de Saba
aguantar que el cuñao apeste
y emborracharse con cava.
Es posible atragantarte
al ser muy duro el jamón
que la lotería no toque
que te quedes sin dineros.
Mas muestra estar muy alegre
no hacerte el muermo, alcornoque.
Canta fuerte ante el pesebre
sin temor a equivocarte
si en vez de peces son meros.
Ya llegó la Navidad
todo se pone brillante.
Incluso la tercera edad
saca su pino torcido
la abuela hace un cocido.
Mientras un langostino farsante
se te incrusta en la lentilla
y te deja un ojo hundido.
Disfruta de la familia
Come hasta caer muerto.
No hables de la Montero
ni defiendas a Yolanda.
Son días de paz y filia
de amor y zampar cordero.
Si luego te vas de parranda
puede que llegues tuerto.
Feliz Navidad que rime con sonante.
Consejo:
El número del gordo que no va a tocar es
( la edad de Rosa + la mía )².
Mi amigo me dejó su sombra de recuerdo.
Lo vi desaparecer tan lentamente...
Era alegre y vivaracho, con su risa burlona encandilaba.
Él me contaba, yo le contaba, amores imposibles, secretos inconfesables.
Noté que su belleza de efebo se apagaba, primero en languidez, luego en fiebres.
Enfermedades desconocidas le consumían sin remedio.
"Alguien me ha contagiado esta mierda de SIDA", me decía entre vómitos y derrames.
Pellejo amarillento sobre su hermoso esqueleto.
Pómulos y ojos hundidos que me miraban pidiendo auxilio.
Yo era su amiga, la que acarició su cuerpo, sus pies, sus manos, su pelo sin brillo.
Cobijado en mi habitación, rechazado por todos
los que veneraron su descaro y su hermosura, murió sin remedio
con una sonrisa triste y una sola lágrima, mirándome a los ojos.
Eran los 90.
Su sombra me protege desde entonces contra esa parte
de la humanidad que nunca supo que para vivir hay que osar morir cada día.
Hoy es el día mundial del SIDA.
Mi amigo fue uno de los millones que se fueron, abandonados y malditos.
El DIA MUNDIAL DEL SIDA (1-11-23)
¿Por qué a mí? (II)
Madre murió de una larga y grave enfermedad.Pude ver su piel transparentando un esqueleto dolorido.Me volvía loco verla sufrir, cómo iba desapareciendosu orondez entrañable entre gemidos y noches que acercaban su final.Me entregué en cuerpo y alma a su cuidado,lavaba con esmero cada centímetro de su pieldeteniéndome en los pliegues con delicadeza.Disfruté, debo confesarlo, su Señoría,de la intimidad que me procuraba tener su cuerpo a mi merced.Pero juro, que mis manos no traspasaron los límites del oprobioni siquiera su santo cáliz sin gota de sangre,antaño visitado por una caterva de parientes de Ardemúzel pueblo recóndito de mi querida madre.Necesitaba desquitarme de tanta calentura acumulada.La noche sin ella me parecía un infierno.Quiero que comprenda, señor Juez, que el amor llegacomo oxígeno a mis pulmones y exhalo odio emponzoñado.Al día siguiente de su fallecimiento busqué una víctimaque aliviara mi dolor, que pagara la ausencia de mi madre.No crea que me fue fácil encontrarla.Estaba adormecida con un rosario en la mano, arrodilladaante un altar y siseando un latín de beata sumisa, de árida mujer.Esta vez quería que mi última obra fuera aplaudida.Elegí hacerlo ante un público que fuera testigo del crimen.Lo que, obviamente, llevaría a dar garrote a mi sensible persona.La anciana se resistió, tuve que levantarla al vueloy llevarla al Gran Teatrodonde se iba a estrenar "El Fantasma de la Ópera".Utilicé la puerta de atrás, no hay porteros con librea, solo basura y ratas.Pude llegar al escenario, el público brillabacon tanta perla y piedra preciosa ocultandomarcas de viruela y escotes ajados.Fue mi último acto y el primero de mi cercana ejecución.Desvelé, ante el pavor de los espectadores,que no imaginaban un debut tan espeluznantela demostración de mi espíritu cruel, fruto de un amor imposible.El resto ya lo sabe, no espero su clemencia.Señoría, quisiera un final acorde a mis crímenes,que el verdugo disfrute de mi gargantaSentir sus rudas manos sobre ella unos segundos antes de mi muerte.El frío metal es de cobardes sin alma.Nunca mataría yo de esa forma tan vil.
¿Por qué a mí? (I)
No me pregunto "To be or not to be" sino matar o no matar.
No puedo evitarlo. Como un alcohólico cae siempre en una esquina, despreciado,
pateado por los vecinos, yo, a pesar del inmenso amor por mi madre
deseo acabar con ella en cuanto observo
sus cabezadas y sus ronquidos.
Pero mi moral me paraliza cuando mis manos acarician su garganta.
No estaría bien acabar con la culpable de mi existencia.
No soy un asesino, solo cumplo con mi deber trepanando bellos cráneos que albergan vida y sexo.
Crearán con su lujuria niños inocentes, como yo lo fui.
Fui un infante sensible, me extasiaba ante la inmensidad de una noche estrellada
o la delicadeza de un gorrión.
Pero llegó el momento en que mi voz no podía imitar el canto de un jilguero,
que ya no me acurrucaba en brazos de madre para conciliar el sueño,
sino que me turbaba su olor, mezcla de sudores mal disimulados con polvos de talco.
Descubrí mi sexo sucio frotando sus enaguas.
No quise asumir mi pecado, podría acabar como Edipo, arrancándome los ojos
después de yacer con mi madre desparramada sobre su mecedora.
Empecé a elucubrar con una penitencia que, yo mismo
impondría a las que me hacían ser un monstruo, el castigo merecido.
A mi madre la respetaría, seguiría siendo su niño eterno.
(Continuará)
Texto. Lola LlabrésCollage analógico : Rosa Prat.de "El Hombre de papel" Grupo versátil.